Una palabra que es de gran significado en la formación de los seres humanos es: Disciplina. para el sector educativo reviste de gran importancia, ya que es es menester generar desde el inicio del proceso educativo, condiciones que le permitan al inidividuo apropiación en el mejormaiento individual y colectivo

La disciplina no se aprende de un día para otro. Si bien se inculca en
los hijos desde que son bebés al establecer rutinas y horarios, y al
amarlos tal cual como son, es importante entender que es un proceso. En
palabras del pediatra Álvaro Jácome, “la disciplina requiere de un
proceso, no de un momento o de una situación; es un aprendizaje continuo
de ambas partes que involucran aspectos tan importantes en la vida de
cada uno, aceptando aciertos y desaciertos, y donde lo importante es la
voluntad de lograr inculcar un principio de ser, un concepto moral, en
el que estén incluidos, como base, la autonomía y la autoridad”.
“La autoridad, añade, se genera de la siguiente manera: en la medida en
que cumplo mis deberes, tengo derecho a mis derechos y, la consecuencia
de no hacerlo tiene repercusiones. Al principio, los padres tienen poder
sobre sus hijos, pero cuando crecen este va cambiando por autoridad, la
cual se gana progresivamente y es la que permitirá lograr los cambios
en ellos”.
Ahora bien, para lograr esto, usted puede tener en cuenta las siguientes
claves que, seguramente, le ayudarán a tener una muy buena relación con
sus hijos y a ayudarlos a ellos a vivir mejor, y que ABC del Bebé
definió con base en las explicaciones del pediatra Álvaro Jácome, la
psicóloga María Elena López, el psiquiatra infantil Germán Casas y Rosa
Julia Guzmán, directora de Maestría en Pedagogía de la Universidad de La
Sabana.
1. Ame a su hijo como es
No espere que su hijo sea como usted quiere. Cada ser humano es único y
tiene su manera de ser. Respete esa esencia. Es un proceso difícil de
lograr, pues los adultos siempre tienen sus ideales; sin embargo, a
medida que los niños sean aceptados y apoyados para desarrollarse, el
proceso de autonomía y realización, como la disciplina, se logra.
2. Conozca la edad de su hijo
El adulto debe entender el contexto de edad que tiene el niño y su
conducta, de acuerdo con su desarrollo mental. En un niño menor de 5
años, el pensamiento y el deseo son inmediatos, de satisfacción
inmediata. Luego, una pataleta solo se modificará aclarándole sus
límites, minimizando su respuesta, teniéndole paciencia y mostrándole
cuál es la conducta que se espera de él o ella. Y, en la medida en que
se pueda, mostrarle cuáles son las consecuencias de sus actos.
Después de los cinco años ya debe funcionar el manejo del
hecho-consecuencia. No hay que temerle a la corrección, pues ellos ya
tienen la capacidad de entender. Al contrario, es el comienzo de
desarrollar normas sociales de convivencia, de responsabilidad, de
respeto por ellos mismos y sus compañeros.
3. Sea ejemplo
Los niños aprenden a través de la imitación. Desde temprana edad son
como esponjas que absorben todo lo que perciben en su entorno, tanto en
el hogar como en el jardín. Así que ellos están al tanto de cómo se
comportan sus padres y de sus hábitos para copiarlos.
Los padres deben saber que durante los primeros años de vida, los niños
imitan, pero aún no están en la capacidad de evaluar si sus actos les
van a traer consecuencias positivas o negativas. Los infantes
simplemente copian de manera instintiva, incluso desde que son bebés.
4. Defina qué quiere
Tenga claro qué valores desea fomentar en su hijo, qué espera de él y
sea consecuente. No actúe de una manera, piense de otra y haga algo
diferente. Por ejemplo, si considera que es muy importante que su hijo
cumpla con las tareas escolares, acompáñelo a hacerlas, pregúntele por
ellas y ayúdelo cuando tenga dudas. Valore el esfuerzo. Si usted exige
que cumpla, pero no le presta atención a su trabajo, él no entenderá la
razón de ser de la exigencia.
Al fijar las normas, recuerde que sean razonables. Es decir, pocas y que
el niño pueda cumplir. Hágale saber la forma como puede cumplir con
esto. Si cree que es importante que se encargue de tender su cama,
enséñele cómo hacerlo más fácilmente.
5. Sea claro
Explíquele a su hijo qué debe hacer y qué no. Defina claramente las
conductas permitidas y aquellas que no tolerará. Comuníquelas en
términos claros y sencillos, de tal forma que resulten comprensibles
para su hijo. Hágalo cuantas veces sea necesario. Los discursos largos y
los sermones no son efectivos. Mejor estimule las conversaciones
francas y abiertas.
6. Sea firme
Sea firme en la negativa a ceder ante las demandas sin razón de los
niños o a complacerlos en cada uno de sus caprichos; es importante que
aprendan que no siempre pueden hacer su voluntad o satisfacer sus
deseos. Sea constante y consecuente con las exigencias disciplinarias.
Si le prohíbe salir a jugar antes de hacer tareas, no ceda en esto si ha
llegado una visita o si no está de ánimo para supervisarlas.
7. Cree hábitos y fije horarios
La disciplina empieza en la casa, por eso es muy importante que mamá y
papá establezcan una rutina de actividades con el bebé y con el niño. El
desayuno, el almuerzo, la cena, el baño, las tareas y los juegos
siempre se deben tomar a la misma hora, así los pequeños empezarán a
distinguir tiempos y, a futuro, organizar su día a día.
Estas rutinas crean hábitos en los niños y eso les facilita organizarse.
Construya estos hábitos desde que son bebés, con la alimentación, el
sueño, el baño.
Al definir y respetar los horarios, los niños van a tener estabilidad y
orden durante el día. Al tiempo, recibirán un mensaje claro de lo que
son los límites, es decir, lo que pueden hacer y hasta dónde pueden
llegar, que también les permitirá fortalecer su seguridad emocional.
Es clave que los padres tengan en cuenta que las actividades planeadas
deben ser acordes con la edad del infante; si son bebés, duermen más, y
durante la edad preescolar querrán jugar, de allí la importancia de no
saturarlos para que tengan sus espacios y puedan realizar lo que les
gusta.
Al inscribir al niño en clases extracurriculares estas se deben cumplir
para que entiendan que es bueno esforzarse por terminar lo que se
empieza.
8. Organice los espacios
En la casa no solo se debe destinar un espacio limpio, con buena luz y
libre de mucho ruido para realizar las actividades escolares. También se
deben destinar lugares para cada cosa: los juguetes, la ropa, los
libros y la televisión. Debe ser una distribución lógica para que los
niños empiecen a adquirir sus propias responsabilidades. El papel de los
padres es asesorarlos y acompañarlos durante este proceso de
adquisición de tareas. Inicialmente ayudarles a ordenar sus juguetes y
explicarles cómo los deben guardar y cuidar para que poco a poco lo
hagan solos.
9. Muestre las consecuencias
Cada acción tiene un resultado y deje que el niño lo aprenda. Si no hace
la tarea, por ejemplo, lo regañarán y calificarán mal en el colegio.
Permita que el niño experimente estos resultados, en la medida en que no
lo agredan. Claramente no es necesario dejar que el niño se queme para
que conozca qué hace el fuego, pero sí puede mostrarle que si sale a la
lluvia, se moja. Si no come al almuerzo, tendrá más hambre en la tarde,
por ejemplo.

La sanción nunca debe ser física ni maltratante, basta con la privación
de una satisfacción. Si usted define sanciones como no ver televisión o
no jugar en el computador por determinada acción, por ejemplo, déjelo
claro para el niño y sea consecuente con su aplicación.
10. Corrija con amor
No es necesario gritar ni insultar para que el niño aprenda. Estas
opciones solo lastiman al niño en su autoestima y no logran el objetivo a
largo plazo. Seguramente en el momento cambiará su comportamiento, tal
vez más por miedo, pero no entenderá la razón de ser de sus actos.
Nota Tomada del Periodico el Tiempo. Colombia